Mujeres con obesidad abdominal tienen el doble de riesgo de sufrir demencia

Las mujeres que tienen obesidad abdominal ya no sólo corren el peligro de sufrir alguna enfermedad cardíaca, tal como se ha descrito en estudios previos. Ello, pues un estudio realizado en 1.500 mujeres en Suecia reveló que quienes tenían este tipo de sobrepeso sufrían el doble de riesgo de padecer demencia en su vejez.

Así lo explica la doctora Deborah Gustafson, de la Universidad de Gotemburgo en Suecia, quien indica que quien tiene "grandes cantidades de grasa alrededor de la cintura tiene mayor riesgo de morir prematuramente debido a un ataque al corazón o un derrame cerebral. Sin embargo, si se las arreglan para vivir más allá de 70 años, corren un mayor riesgo de demencia."

EL ESTUDIO
La investigación -publicada en la revista Neurology-, se inició a fines de la década de 1960, donde 1.500 mujeres entre las edades de 38 y 60 años se sometieron a un examen completo, respondiendo preguntas sobre su salud y estilo de vida.

Posteriormente, una encuesta de seguimiento (aproximadamente 32 años más tarde) mostró que 161 mujeres habían desarrollado demencia, con una edad media de diagnóstico de 75 años.

La demencia provoca falta de memoria, problemas de reconocimiento y orientación. Aproximadamente una de cada 20 personas mayores de 65 años desarrolla esta enfermedad.

Comida procesada alimenta depresión

Consumir una dieta con altos niveles de alimentos procesados aumenta el riesgo de depresión, afirma una investigación realizada en el Reino Unido.

El estudio confirma, además, que las personas que comen muchos vegetales, fruta y pescado tienen menores posibilidades de desarrollar los síntomas de la enfermedad.

El estudio, llevado a cabo por científicos de la Universidad de Londres, analiza los datos de cerca de 3.500 empleados públicos con una edad promedio de 55 años.

Cada participante completó un cuestionario sobre sus hábitos de alimentación y un autoanálisis sobre su riesgo de depresión, y esos datos fueron comparados cinco años después con los niveles de depresión de los participantes.

"Nuestros resultados sugieren que consumir frutas, vegetales y pescado podría ofrecer protección contra el desarrollo de síntomas depresivos", dicen los autores en la Brisith Journal of Psychiatry (Revista Británica de Psiquiatría).

"Sin embargo, una dieta rica en carne procesada, chocolates, postres azucarados, comida frita, cereales refinados y productos lácteos altos en grasa podría aumentar la vulnerabilidad de la gente a esa enfermedad", agregan.

Diferencias importantes

En la investigación, los participantes fueron divididos en dos grupos: los que consumían una dieta basada en alimentos completos, que incluyen frutas, vegetales y pescado, y los que ingerían principalmente comida procesada.

Después de tomar en cuenta factores como el género, la edad, la educación, los niveles de actividad física, el tabaquismo y las enfermedades crónicas, los científicos detectaron una "diferencia significativa" entre ambas dietas y el riesgo de depresión en el futuro.

Los que comían mayoritariamente alimentos completos mostraron un riesgo de depresión futura 26% menor que aquellos que ingerían menos alimentos completos.

Sin embargo, los que consumían una dieta alta en comida procesada exhibieron un riesgo de contraer la enfermedad 58% mayor que quienes se alimentaban con muy pocos productos procesados.

Hace unas semanas, otro estudio realizado en España mostró que las personas que se alimentaban con la llamada dieta mediterránea -rica en frutas, vegetales y pescado- tenían 30% menos riesgo de desarrollar depresión.

Pero tal como señalan los autores de la nueva investigación, quizás hay un factor relacionado con el estilo de vida que no se ha tomado en cuenta para explicar el efecto protector.

"El estudio (español) mostró que la dieta mediterránea estaba asociada a un menor riesgo de depresión", afirmó la doctora Archana Singh-Manoux, una de las autoras del trabajo británico.

"Pero el problema es que, si usted vive en un país como el Reino Unido, las probabilidades de que consuma una dieta mediterránea no son muy altas", añadió.

"Así que quisimos analizar de forma un poco diferente el vínculo entre la dieta y la salud mental".

Efecto combinado

Según los científicos, hay varios factores que podrían explicar estos resultados.

En primer lugar, el alto nivel de antioxidantes en las frutas y vegetales podrían tener un efecto protector, como se ha demostrado en estudios previos.

El folato, que se encuentra en grandes cantidades en vegetales como el brócoli, la col y la espinaca y las legumbres secas -como lentejas y garbanzos- podría tener también un efecto protector similar.

En segundo lugar, afirmaron los investigadores, el consumo abundante de pescado podría proteger contra la depresión debido a sus altos niveles de ácidos grasos poliinsaturados, que son un componente importante de las membranas neuronales en el cerebro.

En tercer lugar, es posible que una dieta de alimentos completos proteja contra la depresión debido al efecto combinado de consumir nutrientes de muchos tipos diferentes de comidas, y no sólo es el efecto de un solo nutriente.

Los investigadores creen que el consumo de productos procesados podría estar asociado al mayor riesgo de depresión debido a la asociación que existe entre esta dieta y el mayor riesgo de enfermedades coronarias e inflamación, que -se sabe- juegan un papel en el desarrollo de la depresión.

Sin embargo, subrayaron que es necesario llevar a cabo más estudios para confirmar este vínculo.

Lo cierto, según los científicos, es que el consumo de una dieta sana no sólo puede generar beneficios para la salud y bienestar humanos, sino que también puede ser una herramienta muy importante para prevenir trastornos depresivos en años posteriores de la vida.



fuente: BBC Mundo

Hábitos que pueden afectar tu salud

A continuación te presentamos diez de estas acciones que es saludable evitar, si se quiere mejorar el rendimiento físico y metal en todos los aspectos.

Ordenar siempre ensaladas. Una investigación del Comité de Físicos para una Medicina Responsable en Washington descubrió que los aderezos, los pequeños trozos de pan, el queso y el tocino, entre otros complementos con los que se acompaña este platillo, contienen grandes cantidades de grasas, calorías, sodio y pocos nutrientes.

Utilizar audífonos mientras se hace ejercicio. El doctor Andrew Cheng del New York Medical College recomienda bajar el nivel de la música cuando se está en el gimnasio o corriendo, pues el oido es una zona muy delicada y se pued dañar de manera permanente. El volumen debe estar entre un 10 y 50% del total de la capacidad del aparato.

Usar incorrectamente el bloqueador solar. Aproximadamente sólo el 25% de las personas que utilizan estas cremas lo hacen de la manera correcta. La mejor forma de aplicarlo es directamente en la zona del cuerpo seleccionada, de otra manera, las sustancias que protegen de los rayos UV quedan en las manos.

No utilizar el hilo dental. De acuerdo a datos de la Academia Americana de Periodontología, el 40% de las mujeres presenta problemas de encías. Para las mujeres esto es importante debido a que muchas bacterias que se alojan en la boca se originan a partir de los cambios hormonales que sufren a lo largo de su vida. Limpiar esta zona con el hilo dental debe acompañar la rutina del cepillado de dientes.

Dejar pasar algún dolor. Algunos malestares comunes como el de estomago podrían derivar en ataques al corazón. La doctora Diana Dell del Duke University Medical Center menciona que no hacer caso a este tipo de dolencias es común tanto en mujeres como hombres por lo que es importante reconocer los síntomas y acudir al médico tan pronto se note algo fuera de lo común.

Usar lentes de contacto estando enfermo. Investigadores de la Escuela de Optometría de Birmingham en Alabama mencionan que usar estas lentillas cuando se está enfermo provocan que la producción de lágrimas decaiga, lo que puede generar conjuntivitis. El uso de antihistamínicos también seca los ojos.

Dormir poco. Un estudio publicado por la American Medical Association indicó que dejar de lado horas de sueño puede hacer a la persona más propensa a padecer enfermedades del corazón; también se descubrió que la falta de sueño desbalancea el funcionamiento de las hormonas relacionadas con la quema de grasas y el peso.

Utilizar el agua a la misma temperatura. Al momento de tomar un baño o lavarse las manos lo mejor es que este líquido esté caliente; sin embargo, al momento de emplearla para cocinar, lo más saludable es que esté fría ya que el agua caliente contiene niveles altos de plomo. De acuerdo a la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, 15% del total de la exposición al plomo proviene del contacto con el agua.

Conducir con los vidrios abajo. La Universidad del Sur de California demostró en un estudio que manejar con las ventanillas del auto abajo expone directamente a un 45% del los contaminantes ambientales.

No seguir el historial médico. Las enfermedades tienen su origen en padecimientos previos, desestimar las recomendaciones médicas, no completar algún tratamiento o no conocer con certeza la evolución del estado de salud son pequeños errores que en caso de presentar síntomas más peligrosos tienen graves consecuencias.


El calor obliga a consumir más vegetales para recuperar agua

Hace más calor y las temperaturas seguirán en ascenso como consecuencia del cambio climático. No hay duda que también los hábitos deben modificarse para lograr una adaptación a los nuevos tiempos.
La alimentación es fundamental porque de ella depende la salud. "Al transpirar, se pierde mucha agua y algunos minerales como el sodio y el potasio que regularizan la cantidad y la distribución normal del agua en el organismo.

De allí que la dieta debe cambiar hacia el consumo de mayor cantidad de frutas y verduras que logren compensar la pérdida de agua del organismo. De lo contrario, se sentirán los síntomas de la deshidratación como son cansancio, agotamiento, dolores musculares, falta de concentración y otros", advierte el nutricionista Víctor Gallo, jefe del Servicio de Nutrición del Hospital de Niños.

La recomendación es comer frutas y verduras todos los días, La clave está en preparar ensaladas que tengan cinco colores diferentes (por ejemplo, rojo del tomate, anaranjado de la zanahoria, blanco del repollo, verde de la lechuga y morado de la remolacha), para garantizar la suficiente variedad de vitaminas y minerales.

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fuente:
La Gaceta

La dieta y el ejercicio combaten la diabetes, según plantea un estudio

Un estudio reciente halla que la dieta y el ejercicio pueden mantener la diabetes a raya durante una década, al reducir el riesgo de la enfermedad en más de un tercio en la mayoría de las personas susceptibles.

Cerca del once por ciento de los adultos estadounidenses (24 millones) tienen diabetes, en su mayoría de tipo 2, asociada con una dieta deficiente y estilos de vida sedentarios. Además, 57 millones de adultos con sobrepeso tienen niveles de azúcar en sangre más altos que lo normal, lo que incrementa el riesgo de ataque cardiaco, accidente cerebrovascular y la probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2, informan los investigadores.

Sin embargo, una nueva investigación, que aparece en la edición en línea del 29 de octubre de la revista The Lancet, muestra que perder peso y hacer ejercicio puede retrasar o evitar la aparición de la diabetes de forma más efectiva que el medicamento recetado metformina o un placebo.

"Las intervenciones que resulten en una pérdida de peso reducen el riesgo de diabetes y ese menor riesgo parece persistir durante un periodo largo de tiempo", aseguró el autor del estudio, el Dr. William C. Knowler, del Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y del Riñón de EE. UU.

Para las personas que están en alto riesgo de contraer diabetes, perder peso "claramente será lo recomendado", apuntó. Además, tomar un medicamento como la metformina podría también beneficiar a las personas que no pueden perder peso solamente con ejercicio y dieta.

Para el estudio de prevención de la diabetes, 3,234 adultos obesos o con sobrepeso que tenían niveles elevados de azúcar en sangre se asignaron de forma aleatoria a cambios en el estilo de vida, a metformina para controlar el azúcar en sangre o a un placebo.

Tras diez años, 2,766 seguían en el ensayo, y los que tomaban metformina observaron una reducción de 18 por ciento en la tasa de desarrollo de diabetes, en comparación con los que tomaban el placebo.

Pero los que realizaron cambios en el estilo de vida, tales como reducir la ingesta de calorías y de grasa, y hacer al menos 150 minutos de ejercicio a la semana, redujeron su riesgo de contraer diabetes en 34 por ciento en comparación con los que fueron asignados al placebo, hallaron los investigadores.

En el primer año del ensayo, las personas del grupo del estilo de vida que perdieron una media de 15 libras (6.8 kilos), volvieron a recuperar el peso perdido, pero mantuvieron una pérdida de cinco libras (2.3 kilos) en un periodo de 10 años. Las personas del grupo de metformina mantuvieron las cinco libras de peso perdidas, y los que estaban en el grupo de placebo perdieron menos de dos libras (casi un kilo) en 10 años, apuntaron los investigadores.

En el transcurso de diez años, después de que todos los participantes hicieron cambios en el estilo de vida, las tasas de incidencia de la diabetes al año para los grupos que tomaban el medicamento o el placebo descendieron entre 5 y 6 por ciento, la misma tasa que el grupo del estilo de vida.

"La intervención del estilo de vida, aún cuando se aplica tarde, parece también reducir la tasa de incidencia de la diabetes", señaló Knowler.

Sin embargo, perder peso es difícil y con decirle a una persona que adelgace no es suficiente, reconoce.

"Para hacer que funcione a gran escala, tenemos que hacer mucho más que decirle a la gente que pierda peso", aseguró. Las personas necesitan tener acceso a clínicas para bajar de peso que les puedan enseñar sobre dieta y a hacer ejercicio, agregó.

El Dr. Anoop Misra, director del departamento de diabetes y enfermedades metabólicas de los Hospitales Fortis en India, y autor de un editorial acompañante, dijo que "la prevención de la diabetes es importante para reducir la epidemia de esta enfermedad a nivel mundial. La dieta y el ejercicio siguen siendo las modalidades más importantes para evitar la diabetes, y cualquier medicamento tiene menos importancia".

Los grupos en riesgo de diabetes necesitan identificarse, esencialmente ciertos grupos étnicos, y hay que enseñarles estilos de vida correctos, dijo Misra . "Los adultos jóvenes que tengan un historial de diabetes deberían gestionarse de forma cuidadosa en la misma línea", destacó.

La prevención de la diabetes también tiene una implicación económica, ya que reduce los altos costos de por vida del control de la enfermedad y sus complicaciones, aseguró Misra.

Todos los países, sobre todo los países en vías de desarrollo, que observan un incremento rápido en la incidencia de la diabetes, deberían idear o fortalecer un programa de control de la diabetes para ayudar a reducir esta epidemia, destacó.

"En particular, se deberían aplicar controles a la publicidad y venta de comida basura hipercalórica a los niños y se debería fomentar una actividad física regular a una edad temprana. Sensibilizar en torno a estilos de vida correctos y las consecuencias adversas de la obesidad y la diabetes debería ser uno de los primeros puntos de la agenda de todos los países", dijo Misra.

Con respecto a los hallazgos del estudio, otros expertos se muestran optimistas. El Dr. Ronald Goldberg, profesor de medicina del Instituto de Investigación sobre Diabetes de la Facultad de Medicina Miller de la Universidad de Miami, cuya institución participó en el estudio, dijo que "ver cómo estos efectos significativos duraron tanto establece un buen pronóstico para estas intervenciones en la prevención de la diabetes".

Reducir las calorías y aumentar la actividad física reduce claramente la progresión de la diabetes, dijo Goldberg. "El estilo de vida funciona, y se necesita hacer un esfuerzo por comenzar y mantener un programa de estilo de vida a largo plazo".

Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare

FUENTES: William C. Knowler, M.D., Ph.D., M.P.H., U.S. National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases, Phoenix, Ariz; Anoop Misra, M.D., director and head, department of diabetes and metabolic diseases, Fortis Group of Hospitals, New Delhi and NOIDA, India; Ronald Goldberg, M.D., professor of medicine, Diabetes Research Institute, University of Miami Miller School of Medicine; Oct. 29, 2009, The Lancet, online

HealthDay

La fructosa podría elevar la presión arterial.

Le tenemos otra razón para abandonar esa gaseosa azucarada. Una investigación sugiere que una dieta rica en fructosa, un edulcorante común, incrementa el riesgo de hipertensión arterial.

El jarabe de maíz rico en fructosa se halla en muchos alimentos y bebidas procesados. Los estadounidenses consumen treinta por ciento más glucosa ahora que hace veinte años. Los investigadores han relacionado un mayor consumo de glucosa con la creciente epidemia de obesidad. Sin embargo, los científicos no estaban seguros de si existía una relación entre el consumo de fructosa y la hipertensión.

En un estudio reciente, la Dra. Diana Jalal y sus colegas del Centro de ciencias de la salud de la Universidad de Colorado en Denver estudiaron a 4,528 adultos que no tenían antecedentes de presión arterial alta. Examinaron la ingesta de fructosa y hallaron que los que consumieron más de 74 gramos de fructosa al día (el equivalente a dos y media gaseosas con azúcar) incrementaron su riesgo de hipertensión en entre 28 y 87 por ciento, según el nivel de hipertensión.

"Estos resultados indican que la ingesta elevada de fructosa, como azúcar adicionada, se relaciona de manera significativa e independiente con mayores niveles de presión arterial en la población adulta estadounidense que no tiene antecedentes de hipertensión", escribieron los autores del estudio, y agregaron que hacen falta más investigaciones para determinar si reducir los niveles de ingesta de fructosa también reducirá la presión arterial.

Se esperaba que los hallazgos del estudio fueran presentados en la reunión anual de la American Society of Nephrology (Sociedad Estadounidense de Nefrología) realizada entre el 27 de octubre y el 1 de noviembre en San Diego.


Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare

FUENTE: American Society of Nephrology, news release, Oct. 29, 2009
HealthDay

Aumentar el consumo de fibra reduciría la grasa abdominal.

Un nuevo estudio demuestra que comer apenas un poco más de fibra tendría gran impacto en la reducción del tamaño de cintura de los jóvenes en Estados Unidos.

Los adolescentes latinos que aumentaron el consumo de fibra durante dos años lograron disminuir significativamente la cantidad de grasa alrededor de la cintura, mientras que en los jóvenes que comieron menos fibra creció el tamaño abdominal.

Estas fueron las conclusiones del equipo de Jaimie N. Davis, de la Escuela de Medicina de Keck, en la University of Southern California en Los Angeles.

El equipo estaba estudiando la grasa abdominal, que es la más peligrosa porque aumenta el riesgo de desarrollar diabetes y enfermedad cardíaca.

Los autores les pidieron a 85 varones y mujeres de entre 11 y 17 años con sobrepeso que respondieran un cuestionario inicial y dos años después sobre hábitos alimentarios. A esa edad, dijo Davis, la dieta de algunos tiende a empeorar.

El consumo de fibra bajó unos 3 gramos por cada 1.000 calorías consumidas en 46 participantes y creció en la misma proporción en otros 35.

La grasa abdominal aumentó un 21 por ciento en los que comieron menos fibra, pero disminuyó un 4 por ciento en los que elevaron su consumo.

Los resultados fueron publicados en American Journal of Clinical Nutrition.

"Hasta una leve reducción de la fibra alimentaria tiene un efecto metabólico muy significativo", señaló Davis. El consumo de fibra recomendado para los jóvenes es de 14 gramos por cada 1.000 calorías consumidas o unos 25-30 gramos por día.

A partir de esos resultados, indicó Davis, aumentar 6 gramos diarios de fibra (la mitad de una taza de porotos o una tortilla de trigo integral) modificaría tremendamente el tamaño de la cintura de los jóvenes. "Es un objetivo posible para los niños", dijo.

Las personas de cualquier edad que quieren mejorar el consumo de fibra tienen que leer con cuidado las etiquetas de los alimentos.

"Que diga 'trigo integral' o 'multigrano' no significa que sea una buena fuente de fibra. Las personas piensan que si es marrón, es trigo y es bueno, pero no es necesariamente así", explicó la autora.

En cambio, Davis recomendó a las personas que verifiquen la Información Nutricional de la etiqueta para saber cuántos gramos de fibra contiene ese alimento por porción.

La investigadora no aseguró que los resultados puedan aplicarse a jóvenes con otros orígenes étnicos porque los latinos serían más propensos que los blancos y los negros a acumular grasa en la zona abdominal.

"El aumento del consumo de fibra tendría efectos positivos en todas las culturas, pero distintos", concluyó Davis.


FUENTE: American Journal of Clinical Nutrition, noviembre del 2009

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